Los sistemas de alarma actuales dependen cada vez más de comunicaciones inalámbricas, redes IP y conexiones móviles para transmitir incidencias. Eso mejora enormemente su flexibilidad y capacidad de respuesta, pero también obliga a diseñarlos pensando en un riesgo muy concreto: qué ocurre si una de esas vías de comunicación deja de estar disponible.
Aquí entran los inhibidores de frecuencia. Su objetivo no es “hackear” una alarma, sino interferir o bloquear determinadas comunicaciones radioeléctricas para dificultar que un sistema transmita correctamente una señal.
Para una empresa o vivienda protegida, la cuestión importante no es tanto si existen inhibidores, sino si el sistema ha sido diseñado para detectar fallos de comunicación y seguir funcionando aunque una vía quede comprometida.
¿Qué es un inhibidor de frecuencia?
Un inhibidor es un dispositivo capaz de generar interferencias en determinadas bandas de radiofrecuencia.
Cuando se utiliza sobre un sistema de seguridad, puede intentar afectar a comunicaciones inalámbricas entre dispositivos o, especialmente, a la transmisión de señales mediante redes móviles.
No todos los sistemas funcionan igual ni todos utilizan las mismas tecnologías. Por eso conviene evitar una simplificación habitual: pensar que cualquier inhibidor puede neutralizar automáticamente cualquier alarma.
La resistencia de un sistema depende de su arquitectura, del tipo de comunicaciones utilizadas, del nivel de supervisión, de la configuración de los dispositivos y de si existen canales alternativos.
El problema aparece cuando la instalación depende demasiado de una única vía de comunicación.
El punto débil: confiar todo a una sola conexión
Imaginemos un sistema que transmite exclusivamente mediante una red móvil. Si esa comunicación se pierde y no existe una alternativa, la central de alarmas puede dejar temporalmente de recibir información de esa instalación.
Por eso los sistemas profesionales no deberían analizarse únicamente por la calidad de sus detectores o cámaras.
La comunicación con la Central Receptora de Alarmas es una parte crítica de la seguridad.
La normativa española contempla precisamente esta situación. La Orden INT/316/2011 establece que, en sistemas con doble vía de comunicación, determinados fallos de las comunicaciones combinados con señales de alarma pueden tener consideración de alarma confirmada. También contempla sistemas con una vía digital permanentemente supervisada y una comunicación de respaldo.
Esto introduce un concepto fundamental:
Redundancia.
Si una vía falla, el sistema debe disponer, cuando su diseño y nivel de seguridad así lo requieran, de mecanismos que permitan detectar esa pérdida y utilizar una alternativa.

Doble vía de comunicación: por qué es importante
Una arquitectura profesional puede utilizar diferentes canales para comunicarse con la CRA.
Por ejemplo, una instalación puede contar con una conexión IP a través de la red fija y una segunda comunicación mediante red móvil.
El objetivo no es duplicar elementos porque sí.
Se busca evitar que un único fallo deje al sistema sin capacidad de transmitir información.
La propia Orden INT/316/2011 establece, para determinados sistemas, que las dos vías sean distintas y que la inutilización de una permita transmitir por la otra. También admite una comunicación digital permanentemente supervisada con un canal de respaldo.
Por tanto, cuando se evalúa una alarma profesional, una de las preguntas importantes debería ser:
¿qué ocurre si falla la vía principal de comunicación?
Si la respuesta es simplemente “deja de comunicar”, hay un punto débil evidente.
Supervisar la comunicación es tan importante como disponer de ella
Tener dos comunicaciones no sirve de mucho si nadie sabe que una de ellas ha fallado.
Por eso otra pieza importante es la supervisión periódica de las comunicaciones.
La normativa establece que las comunicaciones con la CRA deben comprobarse periódicamente y que la central debe poder detectar determinados fallos cuando deja de recibir las señales previstas. Además, esta supervisión debe realizarse de forma independiente para las distintas vías de comunicación según el grado y características del sistema.
Esto permite distinguir entre dos situaciones muy diferentes:
- una instalación que simplemente deja de comunicar;
- una instalación que informa de que existe un problema en sus comunicaciones.
En seguridad, esa diferencia es enorme.
La pérdida inesperada de comunicación puede convertirse por sí misma en una información relevante para la CRA, especialmente si se combina con otras señales procedentes de la instalación.
¿Puede un inhibidor afectar también a los detectores inalámbricos?
Sí puede existir interferencia sobre comunicaciones inalámbricas entre elementos del propio sistema, pero nuevamente depende de la tecnología y del diseño de la instalación.
Los sistemas de seguridad profesionales pueden incorporar mecanismos de supervisión capaces de detectar anomalías en sus dispositivos o comunicaciones.
Esto es importante porque una alarma no debería limitarse a esperar a que un detector transmita una intrusión. También debe vigilar el propio estado del sistema.
Una pérdida de comunicación, una batería defectuosa, un fallo de alimentación o determinadas incidencias técnicas deberían formar parte de esa supervisión.
La Orden INT/316/2011 contempla, por ejemplo, la comprobación de baterías, alimentación eléctrica y transmisión de incidencias a la CRA dentro de los procedimientos de mantenimiento.
El papel de la Central Receptora de Alarmas
Aquí aparece otra diferencia importante entre una alarma autónoma y un sistema conectado profesionalmente.
Una alarma doméstica puede enviar una notificación directamente al teléfono del propietario.
Eso puede resultar útil, pero significa que la respuesta depende de que el usuario tenga cobertura, vea el aviso, tenga el teléfono operativo y pueda interpretar correctamente lo ocurrido.
Una CRA trabaja de otra forma.
Su función es recibir las señales, analizarlas y aplicar los procedimientos de verificación establecidos antes de comunicar, cuando proceda, una alarma confirmada a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.
La normativa establece diferentes métodos de verificación técnica y personal y regula cómo debe producirse la comunicación de las alarmas confirmadas.
Por eso una instalación profesional no debe analizarse únicamente por “si manda una notificación al móvil”.
Lo verdaderamente importante es cómo detecta, transmite, supervisa y verifica una incidencia.
Una alarma profesional no depende de un único elemento
Un buen sistema de seguridad se diseña por capas.
Puede combinar:
- detección interior;
- protección perimetral;
- sensores de apertura;
- videovigilancia;
- comunicaciones supervisadas;
- vías de transmisión alternativas;
- alimentación de respaldo;
- conexión a CRA;
- procedimientos de mantenimiento y revisión.
Ningún elemento aislado garantiza por sí solo la seguridad.
Y precisamente por eso la utilización de inhibidores debe entenderse como un problema de arquitectura del sistema, no simplemente como una cuestión de “tener más cobertura”.
La pregunta correcta es otra:
si una parte del sistema deja de funcionar, ¿qué ocurre después?
Un diseño profesional debe intentar evitar que un único fallo provoque una pérdida completa de protección.
Señales que conviene revisar en una instalación
Una empresa debería conocer, al menos, estos aspectos de su sistema de alarma:
- qué vías utiliza para comunicar con la CRA;
- si existe una comunicación secundaria o de respaldo;
- cómo se detecta la pérdida de comunicación;
- qué ocurre ante un fallo prolongado de Internet;
- qué ocurre si falla la red móvil utilizada;
- si el sistema dispone de batería de respaldo;
- cuándo se realizaron las últimas revisiones;
- si las comunicaciones están siendo supervisadas correctamente.
Estas cuestiones son especialmente importantes en naves industriales, establecimientos con mercancía de valor, negocios aislados o instalaciones que permanecen muchas horas sin personal.
Inhibidores de alarmas: la protección empieza por el diseño
No existe un sistema absolutamente inmune a cualquier incidencia técnica o intento deliberado de interferencia.
La seguridad profesional consiste precisamente en reducir puntos únicos de fallo, detectar anomalías y disponer de alternativas cuando una parte de la instalación deja de responder.
Frente al riesgo de inhibición, la mejor protección no consiste en confiar en un único dispositivo “antiinhibidor”, sino en diseñar correctamente todo el sistema: comunicaciones adecuadas, supervisión, redundancia, respaldo energético, mantenimiento y conexión profesional con una CRA cuando corresponda.
En Second Seguridad diseñamos e instalamos sistemas de alarma adaptados al nivel de riesgo real de cada vivienda, negocio o instalación profesional, estudiando no solo cómo detectar una intrusión, sino también cómo mantener la capacidad de comunicación y respuesta ante posibles incidencias.
Porque una alarma profesional no debería limitarse a detectar que alguien ha entrado.
También debe ser capaz de detectar cuando alguien está intentando impedir que avise.




